martes, 13 de noviembre de 2018

Los hijos del Mar...


Todavía recuerdo como me atravesaba con la mirada mientras narraba que no podía  contener más el tiempo para volver a dedicar su vida a trabajar con menores, no pudo soportar vivir con la ausencia de sus voces, de su amor, de sus historias, de sus necesidades. Ella fue esa persona que me dio la oportunidad de cumplir uno de mis sueños, esos en los que crees y acabas creando. Aún la veo doblar aquella calle, impaciente, esperando el autobús que traería consigo un cambio importante para nuestras vidas. Niños magrebíes y subsaharianos que cansados y ataviados con nada más que el teléfono memorizado de su madre, cruzaron el umbral de la esperanza, de haber pisado por fin tierra firme lejos de fría orilla donde recibieron los primeros auxilios.

Lo consiguieron, fuertes y valientes pero ahora asustados, cohibidos, confusos, somnolientos, con hambre y sed, con carencia de ternura, deseosos de que una mano les acariciara para calmarles el corazón y poder apaciguar sus miedos. Llegaron, para no quedarse, porque la casa era un lugar de emergencia social, vinieron para coger fuerzas y seguir su camino, el sendero de la libertad, para lo que habían convencido  a su familia que debían hacer con ellos. La libertad de no ser esclavos de la pobreza más acuciante en una tierra de nadie, donde sus gobernantes se bañan en oro mientras que a ellos los recoge la calle y la miseria, la hambruna y la guerra, las violaciones de derechos humanos, malditos documentos europeos que no hacen más que hacinarse en despachos sin convertirse en un hecho real.

Una vez que los ves llegar, jamás se te borran sus ojos de la memoria. Empiezan los días en que no puedes dormir, tienes pesadillas donde escuchas el eco de sus llantos sordos, de tu nombre en diferentes colores y acentos, resuenan tan bonitos en sus labios negros que sus bocas acaban dibujando sonrisas cuando te ven la cara de incredulidad ante su avance en español.

Una vez que entras en sus vidas, ellos se quedan en la tuya eternamente, por mucho que partan lejos, por mucho que tengas que reprenderles porque no se  comportan bien, ellos dan y reciben y tú recibes mientras das todas las energías con las que te levantas cada amanecer. Cuando llegas a casa ya no te queda nada, sientes un vacío desolador parecido a las despedidas, aun sabiendo que mañana volverás a abrazarles.

Hay que vivirlo para poder contarlo, es fácil hablar desde fuera, desde la desinformación y el desconocimiento que nos hace caer en el racismo más obsoleto sin a veces querer llegar a ello, pero es que nos lo venden por todas partes, desde la falta de costumbre, el miedo y la publicidad engañosa, la incultura, la precariedad de entendimiento de la historia de las migraciones, del por qué a veces no tenemos la respuesta ante tanta inhumanidad.

Cuando oigo o leo comentarios vacíos de amor, cuando la gente no sabe lo que es no poder conciliar el sueño escuchando sus gritos en la oscuridad de la noche llamando a sus familias, cuando lloran desconsolados porque les duele algo, cuando llaman a su gente y el teléfono comunica y caen en la más acuciante tristeza, cuando necesitan una mano para poder caminar seguros por la calle, cuando les das un trozo de plastilina y crean con sus dedos una patera repleta de niños al borde del abismo, cuando dibujan una felicitación navideña con muertos en la superficie del mar, cuando huyen buscando a los suyos que ya hace años consiguieron cruzar el estrecho, o los captan redes de tráfico de menores y no puedes hacer más que llamar a la policía y correr tras ellos sin poder alcanzarles mientras te invade la impotencia, cuando los despiertas por la mañana y sonríen porque ven una cara amiga, cuando les das de comer, le preparas la ropa de la ducha, les riñes porque hace frío y les gusta ir en chanclas porque después de su travesía no le temen a nada, cuando prefieren jugar al fútbol descalzos porque se han criado en la calle mientras tus hijos llevan botines se marca flourescentes y no pueden trepar un árbol como ellos, porque están entumecidos con las nuevas tecnologías y nunca conocerán como se juega en las calles haciéndose inmunes. Cuando ves a niños correr como linces, saltar donde jamás tú podrás llegar por mucho que entrenes, cuando vuelan en los columpios del parque sin temor, cuando se caen mil veces y aprenden a levantarse, entonces, habla de lo que quieras.

Yo estoy dispuesta a contarte como rezan cinco veces al día sin zapatos, como no sienten la humedad como nosotros, como su valor te da mil vueltas porque no entienden de tu zona de confort, de tus diazepan ni tilas dobles, como pasan dolor mientras llega la ambulancia y ni siquiera se quejan, como te miran agradeciéndote que les pongas la mano en el pecho cuando los levantan las convulsiones en una camilla porque les arrecia la fiebre, como te llaman mamá si pasas de los treinta o amiga cuando bajas de los veinticinco, como se enfadan porque les impones normas para que luego tú te sientas cómodo cuando veas a un “moro” o un “negro” por la calle, teniendo encima que soportar como te agarras el bolso o como pierdes visión mirando las cámaras de vigilancia de tu establecimiento.

Los hijos del mar no roban, cualquiera podemos ser ladrón. Ellos no van sucios, ellos tienen los pies negros de caminar a veces años para cruzar las fronteras de la muerte, dicen que tienen mal aspecto pero les aseguro que el corazón no les cabe en sus adentros, ellos van cogiendo toda la acerca mientras caminan porque son como hermanos, no para entorpecer el paso a nadie, ellos no hacen daño a las mujeres, solo las miran asombrados porque en su cultura no se ve a las chicas libremente mostrando su cuerpo como en nuestra mal llamada democracia, porque no podemos presumir actualmente de ella o dar ejemplo de la misma siendo violadores de nuestra propia constitución.

No me hables de los MENA sino has estado en uno de ellos, sino los has visto huir por una ventana y caer partiéndose una mano porque gente sin escrúpulos les ha dicho que si saltan, con ellos podrán tener una vida mejor. No hables sino has estado con un niño de color en urgencias y han tardado en atenderte porque no son más que nadie, no hables si no has sentido la solidaridad de un médico acariciándole la mano para que no tuviera miedo a la aguja, no hables si lo llevo sin bufanda porque quizá se la haya regalado a un amigo. No contamines a los tuyos de ideas rancias sobre algo que no has vivido en primera persona.

Estoy cansada de la política, de los juegos sucios de las administraciones, de ver como echan un mano a mano a ver quién se hace más daño públicamente sin pudor, sin escrúpulos, sin piedad, porque todo vale por el maldito dinero aunque pongan en juego sus propios valores solidarios, que  mezclado con lo material acaban desapareciendo.

No hables más si ninguno de esos niños se ha dormido sobre tu pecho buscando el calor de su madre, no hables si no sabes comer a su lado, en su mesa, con sus platos, como uno más. No hables si no has bailado con ellos para animarles al ritmo de la madre África, no hables  si no te has emocionado cuando pronuncian su primera palabra en español, no hables si no has sentido como te tiembla el cuerpo cuando presencias una reagrupación familiar, cuando sabes que no los puedes escolarizar porque estás en un centro de emergencia, que están de paso, que se irán, que no puedes cogerles cariño porque la partida es dura. Cuando no sabes lo que es ir con ellos a una discoteca para niños y que les nieguen la entrada por ser de otra etnia y te vas, jodida, maldiciendo al ser inhumano hasta tu casa sin saber cómo explicarles la verdad y acabar diciéndoles que estaba el aforo completo.

Cállate sino sabes lo que es hacer comida para setenta cuando todavía no existen medios materiales ni humanos, cuando tus pies no pueden más y que sigues adelante imaginando como fue su travesía, eso, es lo único que te da fuerzas para entrar a las ocho e irte a tu casa a las cuatro olvidándote de que no te has sentado siquiera a comer, total, tu frigorífico está lleno, ellos tienen que compartir lo que les queda.

Cállate y no seas más la vergüenza para tus hijos, ni para las futuras generaciones. La inmigración sacará a España de la pobreza de espíritu en la que vive sumida, lejos de la iglesia que formó Cristo, sí, ese al que tú le sigues lleno de oro y miserias, de hipocresía, ese al que rindes pleitesía y luego llegas a casa e insultas a tu mujer, o no pasas tiempo con tus niños, el que mira mal a un menor extranjero. Deja de portar medallas, imágenes de santos, y cree en aquel revolucionario que hace más de dos mil años lavaba los pies a los pobres, convivía con las prostitutas o curaba a los leprosos. Entonces así, podrás hablar. Acércate a ellos, intenta comprenderlos, mira a través de su alma mientras sanas la tuya que falta te hace seguro. Te prometo que una vez lo consigas, sabrás lo que es trabajar con el corazón dentro de las normas establecidas, que ya no entenderás de oficios mecánicos, de obedecer sin ser flexible, de llegar a casa enfadado y con estrés. Todo cambiará en tu vida, y serás mejor persona, alejado de esta sin razón donde  algunos se empeñan en crear batallas entre los humanos, siendo la vergüenza de los propios animales que en manada, viven unidos y alcanzan sus fines en comunidad.

Ojalá algún día, los niños migrantes dejen de ser piezas en juegos sucios, hijos de padres y madres que no los atienden porque trabajan para hacer frente a sus enemigos en las cámaras, que se  pelean creando leyes que no les favorecen como los matrimonios divorciados, que pierden el tiempo en el combate a ver quién les da más o menos, mientras hacen daño a los niños. Los hijos del mar, los hijos de África, los hijos de Europa, los hijos de todos, porque todos somos cómplices de que pierdan la vida en el mar, así que unámonos para al menos a los que han llegado con vida, seamos capaces de tenderles una mano, que no somos más que ellos, que somos la miseria y los hijos de un pueblo que un día explotó sus riquezas.

 Ahora asumamos las consecuencias y no caigamos en la necedad de discutir si tienen zapatos que ponerse o si ha llegado a tiempo el libro de lectura o la cita médica, preocupémonos de que tienen el calor que el frío del mar les arrancó de sus madres, mujeres que se ahogan en lamentos al otro lado, y que si cierras los ojos, las sentirás protegerte en agradecimiento de que cada noche, arropes a sus pequeños con el ardor de tus manos.

Que Alá os proteja en vuestro camino hacia la libertad. Y que los gobiernos se unan para hacer un mundo mejor porque todos navegamos en el mismo barco, en la misma vida, de la que partiremos algún día porque la muerte no perdona a nadie.
Os amo mis pies negros.





Amanda Eslava Martínez


Jerez de la Frontera, 13 de noviembre de 2018


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Llantos sordos
“Para todas y todos aquellos que alguna vez habéis sentido el abuso de poder y os hicisteis pequeños, para que creáis en vosotros mismos y os arméis de valor para recuperar lo que un día dejasteis en el camino. Vuestra Dignidad”.

Todavía recuerda  como le temblaban las piernas de impotencia ante aquel abuso de poder. A él parecía que se le iban a salir las órbitas de los ojos por no poder coger a su pajarillo que cada día ansiaba más volar lejos de sus garras. Insultos, voces, brazos en alto, señales de sometimiento que se sucedían mientras que nadie podía hacer absolutamente nada más que intentar calmar la situación. Por mis hijos, decía, no llaméis a la guardia civil. Aun permanecen latentes en su memoria aquellas caritas infantiles que tuvo que engañar y llevar a otra parte, a salvo de una violencia verbal que luego acarrea traumas en la infancia y que se extrapolan a futuras generaciones, hay que evitar, hay que curar, hay que sanar. Y de que mejor manera que aquella, saliendo de la jaula. Sin mirar atrás. Porque hagas lo que hagas nunca serán las formas adecuadas. Las decisiones personales siempre acaban causando daños colaterales, pero el amor propio es así, no le llames egoísmo, no te confundas, es AMOR hacia ti.

Aquella ave que un día dejó que cortaran sus alas pensando que era lo que tocaba por haber nacido mujer, las desplegó y se dio cuenta que las tenía tejidas de sufrimiento, de dolor, de resignación pero que cosió con su valentía al decidir un día cambiar su rumbo, volver a ser ella misma, y recuperar su espíritu, su sonrisa, sus ganas de vivir, de sentirse mujer, valorada, amada, querida e incluso deseada por el mundo y sobre todo por ella misma. No podía conformarse con lo que le había tocado vivir. Sí, claro, ella lo eligió. Pero, ¿qué le quedaba? ¿Tuvo quizá la suerte de que le mostraran algún otro camino? ¿Alguien la habló de que había algo más que servir a los demás? Los cuentos no son tanto cuento, existen, con matices pero existen, y cenicienta tiene un final, pensó un día. Y además cambió la historia, porque no quiso huir con un príncipe puesto que ya no creía ni que existieran. Los príncipes salen solos, contaba. Ven la televisión como si tú no existieras, se postran en la barra de un bar como si nadie les esperase en casa, se encuentran la comida puesta, la ropa limpia, los niños en la cama con los deberes hechos, las tutorías visitadas y el termómetro puesto. Ah, y no quieren que tú hagas lo mismo, eso no le pega a una mujer. Esta situación era normal en aquella jaula de cristal. Responsabilidades, cargas que se superponían a sus espaldas, como para tener ganas de disfrutar del amor caída la madrugada entre el olor a whisky y cansada de años repitiendo el mismo papel cada día, cada noche, a cada instante.

Una se agota, si, pero no sabe qué debe hacer más que seguir adelante con lo que “le ha tocado”, ser mujer. Y pasan los años, y te deterioras, y te arrugas y se te seca la cara de los llantos sordos en soledad, para que nadie sea testigo, quién te va a entender y con tus hijos cerca, y aparecen enfermedades a las que no se las tiene en cuenta porque son los normal con el ritmo que llevas: estrés, ansiedad, hipertensión, dolores musculares, contracturas, problemas de cervicales, trastornos menstruales…pero claro, es la edad, es lo que viene ahora, es el ciclo de la vida y has parido varias veces.
Pero al salir de la desolación todo desaparece, y comienzas a hacer deporte porque te sientes mejor, porque las analíticas se regulan, porque calman tu insomnio, porque estableces relaciones sociales, porque sube tu autoestima y vuelves a ponerte aquel pantalón que hace un año siquiera te abrochaba aun encogiendo la barriga, porque te miras al espejo y comienzas a decirte a ti misma “ pues no estoy tan mal”, porque asistes a reuniones donde no eras la única que atravesaba una situación personal de esas características, porque bailas y te liberas del dolor en el pecho que tanto te ahoga…simplemente porque Si.

Y un día, te levantas, miras a los niños, con salud, felices, y piensas que si das el paso a ellos no les va a pasar nada, porque una madre siempre está, porque dejar de ser esposa no implica tu abandono como progenitora. Eso es un invento de aquellos y aquellas que tienen la suerte de sentirse amados, que no se ponen en tu pellejo o simplemente viven en la hipócrita farsa social por aguantar el tipo como pareja perfecta a cara de la galería, allá ellos con su tragicomedia.

Y por fin, decidida, sin nada más que tu cuerpo, sin saber que va a ser de ti, saltas al vacío…y vuelas y vuelas y vuelas, a veces cayendo y golpeándote con los resquicios de las rocas que sobresalen del precipicio, a veces repostando fuerzas y energías en cálidas llanuras atisbando puestas de sol con una mano amiga, a veces paras a recoger unas flores que hueles para depurar tu interior, a veces sin embargo existirán cuevas de las que salen ogros de color oscuro que intentarán llevarte consigo al interior de sus cavernas y que tendrás que luchar contra su furia irrazonable y mentes fuera de control. Pero se acaban venciendo. Esos seres sin humanidad que te cargan cruces, que te señalan, que juzgan tus pasos, tus nuevas amistades, tu nueva vida, la que tenías antes de sumergirte en la monotonía de unas normas impuestas pero que no existe  escrito en ninguna parte que haya que seguir. Se las inventaron para la mujer, para alimentar el poder del macho dominante, cosa que ni los animales adquieren ese papel, porque no hay manada que maltrate a una hembra. Equidad, igualdad, solidaridad. En las escuelas donde les enseñaron parece ser que faltaban buenos especialistas en detectar déficit en sensibilidad. 

Esos ogros no podrán con las ganas de vivir, de retomar tus propias riendas sin que nadie las dirija, te empujarán de nuevo al borde del abismo, porque si no consiguen devolverte a las tinieblas preferirán verte caer al foso. No te detengas, cae de nuevo antes que volver a sentir sus afiladas uñas. Esos son los desafíos y las pruebas que te encontrarás en el camino pero siempre hay luz al final y siempre habrá personajes buenos que te tenderán una cuerda aunque tengas que mirar mil veces antes de confiar de nuevo.

Querida amiga, tú y muchas mujeres han pasado y pasarán por la traumática fase de una separación sentimental, es un duelo que según los psicólogos es el segundo sufrimiento después de la muerte de un hijo. Pero nadie lo verá. La gente dirá que te ve bien, que estás guapa, que no se te nota, que estás ahora disfrutando de la vida, te harán sentir culpable por cada movimiento que hagas, que lo que hagas, sin duda, no estará bien visto. Morbo y más morbo de la incultura, la envidia y la ignorancia, las buenas formas aun no han llegado a todas partes. Tú no te detengas, ellos no llevan tus zapatos, ellos no entraron de las puertas de tu casa para adentro, ni sintieron en tu piel como se secaba tu cuerpo y perdía la hidratación del elixir de sentirse viva. Ellos qué saben de ti, si ni tan siquiera se han sentado a hacer balance de sus propias vidas, ya no se lleva joder al otro, estáis muy anticuados todos, habéis perdido el norte y más vale que lo recuperéis porque es de cobardes vivir haciendo daño al prójimo, menos medallas, menos santos y más valores cristianos. No sois nada más que miseria, que mensajes ocultos en las madrugadas, acoso sin derribo, persecución mental, ogros en definitiva que no vais a llegar a ninguna parte con actitudes racistas, homófobas, antisociales, discriminatorias, delitos…delitos humanos hacia tus iguales. Te llamarán loca, por pensar diferente, porque las mujeres sumisas ya no pueden tomar decisiones propias, es una locura si despiertan del letargo emocional al que fueron conducidas a la fuerza. Tu despertar es el temblar para el cobarde que se cree valiente haciendo agonizar a su víctima.

Siéntate en tu puerta…dice siempre mi padre. Ladran, pues cabalgo. Que nadie apague tus ganas de vivir, de volver a la calma, que la tranquilidad no está pagada, que ser madre no te impida amarte a ti misma, tener un hueco para ti, una buena madre siempre estará para sus hijos cuando éstos la reclamen. Una madre pare y sufre, nadie es mejor madre que nadie simplemente porque ni existen las madres perfectas ni las familias impolutas, así que analicemos cada cual la nuestra y preocupémonos en estudiar qué tenemos que mejorar nosotros en vez de corregir al otro. Como decían los curas, decir que no tienes pecados, es el mayor pecado, cúrense el alma porque la pesadez de un alma manchada por el diablo acarrea grandes penitencias.

Mujer libérate de las cadenas, solo causan un andar más lento. Hemos venido a vivir, el dolor natural llega por desgracia solo. Y hay que estar provistas de fuerza para afrontarlo. Tú naciste sin nada, sin depender de nadie, quizá no sea hoy, ni mañana, pero como dice una buena amiga que también saltó al vacío, todo tiene su momento, porque todos tenemos un límite, y cuando una mujer lo rebasa, no hay vuelta atrás.

Hay muchos hombres y mujeres buenos, las medias naranjas no existen, nos debemos de proporcionar nosotros mismos aquello que necesitamos para no acabar dependiendo de nadie, pero si encuentras un buen compañero de vida o una buena compañera, no sientas miedo, todos no somos iguales y puede que alguien, sin pensarlo, vuelva a activar ese botón que empolvado todavía, lo descubra y  haga latir todos tus sentidos…hasta el sexto, ese que dicen que no se puede demostrar, pero créanme que existe. Carpe Diem y Libertad.




miércoles, 16 de marzo de 2016

Sor Carpe

Sor Carpe
“Sois para mí una ventana, aquella que un día abrí para recargarme de aire fresco”

En la asociación feminista Carpe Diem aun dibujamos sonrisas cuando recordamos lo que significó para nosotras aquella excursión a Sanlúcar la Mayor para amadrinar a la comunidad de mujeres de la localidad. Sororis, así se llaman nuestras ahijadas en el arduo camino morado que aún les queda por recorrer, pero no están solas. La importancia del hermanamiento entre asociaciones feministas es uno de los hechos más importantes que se están dando en materia de igualdad. Las mujeres por desgracia somos un grupo humano vulnerable en todos los ámbitos sociales. Aun nos queda mucho por lo que luchar en materia de derechos para equipararnos con el hombre sobre todo en el terreno profesional y en la corresponsabilidad.

Pudimos ser partícipes veinte mujeres carmonenses de la mesa redonda sobre el feminismo en España que Pilar Praena, delegada de la Mujer del Viso del Alcor nos deleitó durante una hora haciendo hincapié en que no debemos dejar de perseverar a la hora de hacer fuerza entre las entidades. Ya lo hicieron Emilia Pardo Bazán o Clara Campoamor con sus discursos y sus logros en materia de educación y política y de igual forma tenemos que hacerlo nosotras desde nuestro círculo más cercano si queremos cambiar las cosas.

Carpe Diem tuvo un turno de intervención donde después de las palabras de su presidenta Amanda Eslava junto con Gertrudis Vargas, que ocupa el mismo cargo en Sororis,  pudimos contemplar el vídeo donde se recogía como en Carmona de un pequeño grupo de mujeres pudo surgir una gran familia feminista donde se le han dado la espalada a los problemas mediante el baile a la vida, donde todas nos reunimos para debatir los viernes sobre la necesidad de cambiar el mundo que nos rodea, la urgencia de que las mujeres seamos más amigas y hermanas que nunca para hacer fuerza en este pulso vital frente al patriarcado reinante. No podemos dejarnos derrotar por nosotras mismas, sino continuar el trabajo que otras generaciones pasadas nos dejaron trazado.

El ramillete de amapolas que estaba entre el público se emocionó tanto ante las palabras de las tres mujeres que componían la mesa y sobre todo boquiabiertas aun por la presencia de Vicente Terenti ,concejal de IU de Sanlúcar que se consideró feminista y compañero, no tuvieron más remedio que coger el micro y contar sus experiencias personales. Fue en ese preciso instante donde el silencio arreció en la sala y las sonrisas se convirtieron en lágrimas de emoción en el rostro de las presentes pero sobre todo de Vargas, que recordó la película Antonia, de Marleen Morris mientras que las socias honoríficas de Carpe Diem relataban sus vidas. Madres que habían perdido hijas, mujeres que batallaron con las enfermedades de sus maridos, víctimas de violencia de género, operaciones milagro donde se debatieron en duelo con la muerte, cargas de trabajo en el hogar, en definitiva, mujeres de batalla, féminas de campos donde tienen que sortear minas desde que se levantan hasta el atardecer, vidas reales, vidas por las que hay que combatir en busca de la igualdad, vidas que cargan con el peso inexplicable de todo cuando acontece a su alrededor, responsables de sus hijos, de las labores domésticas, esclavas de un sistema que el capitalismo creó, que las dictaduras apoyaron y que hoy es el muro que entre todas vamos a derribar, esa es nuestra meta y ese será nuestro cantar, la victoria de no ir por delante ni por detrás sino en Igualdad.

Las asociaciones de mujeres somos un soplo de aire fresco como definió  Ángeles Valerio a Carpe Diem por lo que había significado para ella en su vida. En su turno de intervención explicó de qué manera el feminismo llegó a su vida para hacerla bailar en la esperanza de que otra forma de ver la realidad era posible.

Gracias a la Asociación Vida de Carmona, que ayuda a hombres y mujeres a salir de la adicción a las drogas y que luego incentiva su inclusión sociales,  nuestra caravana de mujeres pudo gratuitamente recorrer más de cuarenta kilómetros cargadas de ilusión para apoyar a otro grupo de mujeres para que tenga la fuerza suficiente y que logren emprender la marcha hacia la libertad. Ya lo decía Simone de Bouvoir, la mujer no nace, se hace. Unámonos para que  todas las mujeres que están cerca de nosotras se hagan para siempre, forjando  escudos protectores contra el machismo imperante. Por las que murieron luchando por nosotras, por las que estamos y sobre todo, por las que vendrán, soñaremos despiertas con ver que otro mundo es posible, porque sin feminismo, no habrá democracia.

Amanda Eslava                                                                                 Carmona 16 Marzo 2016




martes, 8 de marzo de 2016

Sororidad


“Alguien me dijo que no es casual, que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. “Simeone Seija.”

El asociacionismo entre mujeres no es casualidad, surge de la necesidad que tenemos de encontrarnos con un grupo de iguales en la sociedad. Aquella que nos dejó desprotegidas con la llegada de la civilización, del mundo capitalista y de las dictaduras, que nos ausentaron de toda democracia posible. Las mujeres nos unimos en cualquier parte, desde las antiguas casas de vecinos donde la matriarca llevaba el peso de la familia hasta la actualidad cuando buscamos a nuestro grupo de amigas para contarles la responsabilidad que recae sobre nosotras un día cualquiera por el hecho de ser, Mujeres. Nos han creado la necesidad de estar juntas para proteger nuestro papel, unidas hacemos más fuerza ante tanta injusticia cultural, social, política y económica que arrecia más sobre nuestro género.

La Asociación Feminista Carpe Diem nació del deseo de un grupo de mujeres de empoderarse a través del deporte, éste fue el punto de partida de toda una aventura que dura ya año y medio. El sentido de nuestra vida está siendo ver como las mujeres que se encontraban dispersas en las labores del hogar, sumidas en la rutina de las responsabilidades que les cargaron en su entorno familiar y social, están reconociéndose como algo más que un patrón que se calca en cualquier parte del mundo. Mujeres que dicen <ya basta>  a un estatus que adquirieron por costumbres y que no les hace realmente felices, que quieren cambiar y que ahora lo tienen difícil debido a los escasos recursos con los que se cuenta, pero no será imposible. Carpe Diem ha pasado de dedicarse a bailar con las mujeres para paliar sus problemas cotidianos a abrirse a otros campos como la educación, la salud, el bienestar, abrazando proyectos de otras entidades y asociaciones carmonenses y foráneas. Llevando la solidaridad, el feminismo, la amistad o el amor por bandera allá donde reclaman nuestra presencia.

Como asociación de mujeres, nuestras pioneras en Carmona son las compañeras de “Isabel Ovin” todo un ejemplo de esfuerzo y sacrificio para que la mujer pudiera relacionarse, tuvieran un lugar donde encontrar refugio en sus compañeras, donde aprendieron mediante múltiples talleres y compartieron conocimientos, viajaron por innumerables rincones del país y  donde se reforzaron aun más los lazos que hoy siguen latiendo con fuerza a pesar del largo camino recorrido. Nosotras queremos ser la nueva generación, no las sucesoras, pues el lugar que ocupan jamás tendrá relevo pero será diferente. Ahora podemos incluir conceptos nuevos  en nuestra perseverancia por ocupar el lugar que nos pertenece, al lado del hombre, porque nosotras estamos en contra del machismo imperante, las feministas abogan por la Igualdad de derechos y deberes entre mujeres y hombres, sin feminismo, jamás habrá democracia.

Decía Simone de Beauvoir, que “la mujer no se nace, se hace” y vamos por el buen camino, el de saltarnos las barreras que nos impusieron con la llegada de la civilización más profunda, nos haremos y haremos ser, aun estamos a tiempo de ver cambios, pero siempre desde el conjunto, desde la hermandad, desde la unión, sencillamente, de la mano, desde la libertad.




Amanda Eslava                                                               Carmona, 8 de Marzo de 2016


domingo, 6 de marzo de 2016

Afluentes del Río Morado



Las mujeres de la asociación feminista Carpe Diem de Carmona fuimos invitadas a asistir a la primera jornada de feminismo y ciudadanía de la ciudad, organizada por el grupo político Participa y Equo. Casi pasadas veinticuatro horas del acto, seguimos reflexionando y debatiendo café en mano sobre la necesidad de crear mesas de debates en torno a un tema tan fundamental como es el feminismo en la actualidad.

Tuvimos en honor de escuchar en primera persona a la feminista y activista Mereia Forei, que nos trasladó a nuestras raíces más primarias creando una simbiosis entre la mujer y la naturaleza. Con ella olvidamos aquello de que somos “el sexo débil”, desterramos la idea de que el feminismo es cosa del hoy, que es una invención moderna,  y nos pudimos remontar a la época romana donde creó una metáfora con las invasiones aludiendo a la resistencia propia del ser humano. La represión a los pueblos no es cosa del S.XXI, llevamos asistiendo durante  toda la historia al sometimiento de las comunidades. Pero fue en la época de las colonizaciones cuando la mujer comienza a sufrir una sumisión que llega hasta nuestros días. Ya lo decía Forei, las mujeres han resistido a guerras, epidemias o violaciones fruto del sistema patriarcal de superioridad del hombre blanco que jugó a sentirse el Dios Supremo del mundo. Un mundo que con la llegada del capitalismo se quisieron repartir e imponer límites fronterizos arrasando la vida en todas sus vertientes. Las mujeres, fuimos y seguimos siendo víctimas de la masacre del capital.

La onubense Laura Frost, puso el contrapunto de la jornada. El Yin de Mireia, nada que ver con la ponente suiza que se dejó llevar por el sentimiento de lucha que abandera desde hace ya más de cuarenta años. Frost, fue crítica y contundente, no dejó títere con cabeza a la hora de hablar del sistema político español y de sus nulas condiciones favorables a la mujer trabajadora, englobando en esta palabra a todas y cada una de las mujeres que conforman las diversas sociedades. Pudimos escuchar atónitos como coincidía con parte de las teorías con Forei tildando de su propia personalidad el tema del militarismo y apoyando el ecologismo como base absoluta del bienestar de la mujer y de las sociedades del mundo. “Feminismo o Muerte” señaló la segunda ponente, aludiendo a la cabeza del feminismo francés de los setenta Francoise D´ Eaubonne fallecida en 2005, y terminando con unas palabras que nos atravesaron el alma, dejando abierto un hilo de esperanza a que otra forma de vida será posible pese al paisaje tan desolador que nos había pintado con su ponencia. Todas las mujeres del mundo estamos interconectadas, eso nos hizo entender, desde las guatemaltecas  que abrazan un árbol para protegerlo de ser talado porque les acarrearía un perjuicio vital, hasta la mujer en nuestro país que sometida al injusto sistema laboral es obligada a explotar dentro de su propiedad a su género, para que sus hijos no estén abandonados o cargando a las abuelas de una segunda generación de crianza.

La intervención que más nos estremeció fue la que Vanessa Cassado nos presentó cayendo el medio día. Jurista y experta en violencia de género, Cassado fue dura y rotunda en sus estadísticas. Señaló con el dedo y sin reparos la justicia española, nula de recursos, profesionales formados y exentos de atención a la mujer maltratada una vez que ésta toma la decisión de denunciar el estado al que se encuentra sometida. No hubo opción a la duda, ni siquiera a rebatir la realidad que representaban las gráficas del terror que silueteaban rojos en el proyector. Cada vez más casos, más víctimas, más muertes, más niños, más horror entre paredes de juzgados que nada tienen que ver con el feminismo y donde se cuecen sentencias tan absurdas como que un padre maltratador pueda tener a sus hijos en casa, pese a haber amenazado de muerte a la madre. Piedras sobre su tejado, a Cassado no le importa lo más mínimo si se trata de defender a la mujer, y contestó sin parpadear a un oyente que le preguntó por las supuestas denuncias falsas de mujeres hacia sus parejas o sobre los hombres asesinados. Pero los datos no mienten, comentarios machistas que no tienen fundamento, leyendas urbanas en barras de bares, simplemente, ignorancia.

El sol brillaba, en el casco antiguo de la ciudad se respiraba una calma tensa, sentíamos frío después de hablar de muerte, así que entre amigos y amigas de la jornada cogimos fuerza reflexionando y sintiéndonos más fuertes si cabía. Este tipo de actividades fomentan si caben los lazos interpersonales y las ganas de lucha en grupo, sobre todo cuando sientes que no estás sola.

Adela Aguilar y los micromachismos pusieron el broche final a la jornada feminista, trabajadora social, carmonensa, y fundadora de la asociación el árbol de los sueños. Aguilar nos regaló más de una hora de dinámica donde pudimos interactuar con otras personas de diferente sexo, edad y procedencia, una rica diversidad cultural y de pensamiento. Pudimos debatir en grupos, intercambiar opiniones, contrarrestar teorías, para llegar a un mismo fin, no compartido pero respetado por todos que es más importante. Adela instó a hacer un paréntesis para contrarrestar la educación, los entornos sociales donde se crían los niños y niñas, la necesidad de cambiar las cosas para que no sea la mujer la que sienta miedo, o perciba discriminación en la vida diaria. Nos lo mostró con una serie de videos que nos dejaron un punto y aparte al que estaremos encantadas de volver. Sin feminismo no hay democracia, es una frase hecha y se demuestra en una de las preguntas que cerraron las dinámicas de Aguilar. Las mujeres han sido las que más se pensaron si ir a votar en las últimas elecciones. Ahí están los datos. ¿Por qué? Está clara la respuesta. Aun las mujeres no encuentran aliciente en el despertar político: los hombres ocupan los altos cargos, no existen políticas feministas que amparen la igualdad de derechos y oportunidades, mujeres con escasa formación aun están bajo la supervisión constante de sus maridos en el hogar, sin autoestima, sin dignidad, no sale la voz, no saldrá el voto. 

Desde aquí grito: Basta ya de colonizar el alma de las mujeres, nosotras no vamos a conquistar el territorio del hombre, nosotras no queremos fronteras, ni desterrarlos del sistema, nosotros queremos caminar de la mano, y que no vuelva a existir el 8 de Marzo. Nada que celebrar, mucho por lo que luchar. Somos afluentes del Río Morado, distintas pero iguales, todas desembocamos en un mismo Océano.  Carpe Diem, y Libertad.
Carmona, 6 de Marzo de 2016    Amanda Eslava Martínez 








domingo, 7 de febrero de 2016

Girar al Sol
“A todas aquellas personas que  frenan antes de llegar al borde del abismo pensando que pueden perder el último aliento de su vida…”

Hubo un día en que me preguntaste…qué piensas de mi y no supe que contestar. Hasta que la impotencia de no deber poseer lo que ansías te sacó de tus casillas y mostraste tu verdadero Yo. Una niña, que quedó anclada en la juventud más primaria, como las flores cuando crecen en primavera. Con su color más fuerte, llena de hojas esperanza, de eróticos movimientos al compás del viento, plena de vida, de elegancia, de poder, de tallo erguido, de fuerza, de valor, dieciséis años. Y maduró en cautividad, como lo hacen las sirenas en las piscifactorías o el lince en las tierras acotadas por el hombre, como  las ballenas en la Antártida con el pánico de ser alcanzadas por la punta afilada del arpón, felices en la normalidad de una infelicidad para otra parte del mundo, sin haber conocido más camino que el trazado por el azar, por el momento, porque así era la norma, lo establecido, lo soñado, lo correcto.

Te miré, pero no te vi, te sonreí, pero no te sentí, te deseé pero no te amé. Ahora miro el álbum de fotos y te veo en cada lugar  sin tan siquiera haberme percatado de tu silenciosa presencia. Sin darte a notar, a conocer, distante pero no indiferente a mis sentidos. Mi girasol entre amapolas, mi amarillo entre rojo, mi luz entre las nubes, mi brillo en medio de la pasión encendida de las flores del sueño, tú que siempre miras al este, fija, decidida, porque nunca le fallas y le giras, como a tus valores fijos y anclados desde la distancia de tu pubertad, como está estipulado, como nos han enseñado, como fuimos bendecidos. Obediente al Sol, a satisfacerle, a concederle tus inclinaciones a lo largo del día. Pero Dios creó la oscuridad y con ella la noche.  Y las amapolas merodean en la nocturnidad cual salvajes sin miedo pero aterradas a lo que pueda acontecer sin previo aviso, porque les encanta controlarlo todo. Ellas son consideradas malas hierbas, erguidas, egoístas, somnolientas, son droga, paranoia, magia, desdicha, locura, sinrazón…Y apareciste tú.

¿Cómo pudo aquel girasol quedarse sin cortar aquella cosecha? Por primera vez quedó intacto tras pasar el frío acero de la segadora y quedó junto a la amapola que decidió protegerlo el resto del invierno. Aunque él no podría imaginar que una flor tan frágil al tacto pudiera envolverlo de tanta fuerza.
Una noche el girasol le pidió a la amapola ser amigos, y ésta sin pensar, aceptó acogerlo en su vida, en la soledad que había quedado después de que el resto del cultivo quedase simplificado a semillas en los almacenes del campo, en lugares lúgubres donde eran despojados, él no se dejó. Al comienzo de su amistad no se entendieron, los dos tenían el mismo objetivo, embelesar al otro con sus cualidades, con superar las expectativas de su especie, aunque no lo mostraran, querían quedar uno por encima del otro defendiendo su causa; venían de mundos totalmente diferentes. El girasol debía estar ahí porque así estaba previsto, la amapola nació al azar, salteada entre los cultivos, sin pedir permiso de residencia y eso en convivencia se llama proceso de adaptación.
Una lucha  poco inteligente, que solo les robó fuerzas y energías, que les quitó tiempo de conocerse, de reír, de sentirse pero que era lo mejor para esconder lo que verdaderamente sentían el uno por el otro. De todas formas, era una locura ir de la mano de una amapola, pensaba el girasol. Y quizá el error fue decidir por ella y no por él mismo, al girasol le encantaba controlarlo todo.

La amapola se acostumbró tanto a su presencia que cuando el girasol se inclinaba en la nocturnidad, ella deambulaba despierta soñando con hacerle el amor. A veces intentaba luchar contra el sueño para permanecer despierta hasta el alba y así poder contemplar su despertar mirando con el verde de sus ojos al sol. Se volvió loca. Lo veía acariciando sus pétalos desnudos en la humedad que traía el atardecer, tiñéndola con su polen amarillo hasta lo más adentro de su ser. Lo sentía, tanto, que se mojaba sola por el éxtasis que le producía imaginarlo y simulaba campos de rocío a las claras del día. Lo poseyó en sus sueños más recónditos, le hizo el amor tantas veces que le contagió de locura, de sueños, de ilusiones…y fue tan intenso lo que el girasol llegó a sentir por la amapola, que por mantener su estatus en el campo cargó contra ella la ira que le producía el pecado que significaba en su especie tenerla para sí. No podía ser, se repetía. No puedo amar a alguien que no sea como yo, así que se entretuvo en sacarle fallos que ni él era capaz de creer que tenía. Hasta que un día le hizo daño, por el simple hecho de apartarla de su lado, por cobarde, por no querer vivir el momento que la vida le brindaba, por miedo a perder la cordura que le habían otorgado los años...


Las amapolas no perecen en invierno, ni siquiera se sabe a ciencia cierta si llegan a morir o no, pero vuelven a nacer en el mismo sitio del que desaparecen. Los girasoles son sembrados, crecen si el hombre acierta en el intento de dejar caer la semilla en el mismo lugar donde vieron el sol con anterioridad. Simplemente esta historia fue una casualidad, de esas que no vuelen a pasar, que un girasol amase a una amapola y que una amapola soñase con tener en sus brazos un girasol aunque fuera un instante, es sencillamente cosa de locos…aunque creo haberlo leído en alguna parte…



jueves, 17 de septiembre de 2015

Tonto pero intenso...

Hacía frío, aun te siento cuando me despierto y no atino a acurrucarme con nada más que  con lo primero que cojo, una sudadera raída por el tiempo, un jersey que no conjunta con el resto de ropa que llevo, todo me da igual cuando estoy en proceso de cambios, todo parece turbio y me aturde, porque todo parece carecer de sentido y busco esa chispa que a veces de repente desaparece como cuando acontece un apagón de luz en la ciudad, sin previo aviso.

Más de una hora de camino entre la espesa niebla, el mismo paisaje, las mismas paradas, los mismos pasajeros de siempre, solo han pasado los años. Todo es igual, como de costumbre y eso no me gusta, así que me introduje en la más profunda esencia de la jornada para buscar qué podría merecer realmente la pena en un día tan “tonto” como hoy.

Allí estaba, zigzagueando entre la larga cola de jóvenes italianos que probablemente venían de intercambio, ¿o eran franceses? Me repele estudiar idiomas pero en momentos como los de hoy siento impotencia de no saber comunicarme con el resto del mundo.  Se bajaba en la misma parada que yo, pero como era su primera vez la noté insegura. La invité a bajar conmigo y acompañarla, nunca es agradable ir a revisiones médicas, aunque las dos íbamos solas, total, nunca dejan entrar a nadie. Madrileña, con un bulto en el pecho que tenían que mirar de nuevo porque no lo tenían claro, ya no le quedaba familia en la capital de España más que apenas unos sobrinos con los que no tenía contacto. Vivía con su marido y sus hijos, uno de cuarenta y otro de treinta y tres que ya se habían independizado. No echaba de menos sus raíces, la gran urbe había cambiado mucho me contaba. Mi marido es de la Latina, pero ya no es lo que era. Todo eso me contó hasta que yo llegué a mi puerta y le indiqué donde era la suya. Esta mañana había una cola enorme, nos llamaban como siempre, por número de historial, pero hoy era diferente. Mi ats estaba de baja, dos vértebras rotas por colocar unos maceteros en su terraza, pobre Lola. Así que mientras procedían a observarme le hice a la sustituta un resumen de mi vida actual y se pasó todo el rato sonriendo. Ellas no tienen prisa aunque sepan que hay una larga espera, aun quedan profesionales con una capacidad  humana increíble a pesar de los recortes en sanidad.

Vive tranquila y feliz, siempre te dicen lo mismo antes de irte, me encanta esa frase, ¡deberían de recetarla! Y todo estupendo, hasta la próxima. Volví a la parada del bus urbano, esta vez había que retornar cruzando a la acera de enfrente, me encanta parecer nueva en la capital porque acabas siendo asesorada por algún  viandante curioso que te quiere ayudar de forma desinteresada. No dejaba de mirarme fijamente a los ojos hasta que me dijo: tú estabas en la misma clínica que yo ¿verdad? ¿Sabes qué? La gente le tiene mucho miedo a los médicos pero te aseguro que son lo mejor. Acaban de operar a mi amiga del cuello del útero y si se le vuelve a reproducir la operan y quién sabe si la dejarán hueca. En esta vida hay que cuidarse. Sin salud no somos nada. Yo no salía de mi asombro, apenas se le veían sus increíbles ojos verde agua. No solo tenía los párpados pintados de negro sino que había dibujado un círculo con la sombra por todo alrededor. Era simplemente diferente pero tan feliz, y eso se percibe. - Oye, tenemos que subir, ya viene, encantada de conocerte y suerte,- me dijo con una voz de lo más amable. La última vez que la miré se adentró a cruzar un parque y la perdí de vista entre los árboles.

Apoyé en el mostrador de mármol la nueva documentación de la asociación.- buenos días, dije. Y una mujer con los labios pintados en fucsia me contestó sonriente, miró el primer folio y gritó a sus compañeros de oficina ¡carpe diem! Chicos esto es una señal. Yo no salía de mi asombro, no dejo de reírme cada vez que lo recuerdo. Acabó contándome que los hombres hoy día estaban muy tristes, que sus colegas de oficio no tenían ánimos de nada, que se les hacía muy pesada la semana laboral y que no miraban el lado positivo de las cosas. Yo seguía rellenando solicitudes por duplicado, siempre se me olvida que todo es doble en la administración, que luego hay que dar fe de que estuviste. Ella seguía con su retahíla de que la vida era maravillosa pero que no sabíamos tomarnos las cosas con alegría y humor. Desde luego que mi propósito de verlo todo hoy con claridad estaba dando resultado. Así que me senté, dejé que el sabor a café embriagase mi espíritu y me deleité con una buena tostada empapada en aceite y tomate natural. Hoy es el día de ir a visitarle, hace años que no paso por allí, las costumbres se pierden y a veces hay que recordar de donde una viene. Tan guapo, tan rebelde, tan suyo, tan moreno, tan sutil, tan humilde, tan TODO.

Y vuelta a sacar la tarjeta de transporte. Aun me siguen preguntando que por qué no tengo coche, supongo que he dado siempre prioridad a otras cosas en mi vida, supongo, aunque yo contesto que me da miedo conducir, que no me lo puedo permitir o que no me llama la atención. De todas formas, me perdería historias que son dignas de contar seguramente y mi atención estaría puesta en el volante. Este es otro debate personal.

El chófer abrió las puertas, apenas dura unos segundos la subida, está todo programado para que lleguen justo a tiempo a las paradas. Ya está todo digitalizado, informatizado, todo se controla. Hay una pantalla que te marca los minutos que faltan para que llegue el medio que esperas y la miras cinco veces en el mismo segundo creyendo que es imposible que tenga tanta exactitud. Era una señora mayor, andaba demasiado lenta con su bastón, imposible, no llegaba, los usuarios se dieron cuenta y comenzaron a gritar al conductor que ya cerraba y emprendía la marcha. Gritaban de nuevo, ahora más fuerte, yo observaba a la mujer desde mi ventana que intentaba en vano ir algo más de prisa. Una viandante la agarró de la mano y la ayudó a alcanzar la acera y llegar por fin hasta la puerta. El funcionario no tuvo más que dar un frenazo en seco, volver a pulsar el botón y esperar que la señora consiguiera estar entre nosotros. Menudo instante de solidaridad ante mis ojos que no cesó hasta que varias personas consiguieron sentar a la anciana y colocarle su bastón sobre las piernas. Ella dio las gracias casi sin aliento y sonrió.

Casi llegando a mi destino, un señor de nacionalidad magrebí asentía escuchando a una señora mientras ésta le contaba la pena que estaba sintiendo estos días por la huida de los refugiados sirios. Pobres personas, tenemos que ayudarlos, y se lo decía a él, a quien yo miraba imaginando como habría sido su camino hasta nuestro país, su país, el país de todos, de este lugar del que nos creemos dueños sin ser nadie, donde no somos nada en el infinito universo que nos rodea y seguimos intentando sobresalir por encima del resto y mirándonos los hombros.

Hoy, de esos días “tontos” me quedo con esta frase:

“ solo cuando tires lo viejo, darás cabida a lo nuevo.
Y lo mismo sucede con nuestras emociones.
Cuando permitas que los sentimientos
Que te han herido salgan de tu vida, la mejor gente
Y los mejores momentos estarán por venir”



Amanda Eslava                       17/09/2015